A medida que nuestros peques avanzan en su etapa educativa, la carga de trabajo en casa suele aumentar: deberes diarios, varios exámenes en una misma semana, trabajos con fecha de entrega ajustada…
No es extraño que, ante estas exigencias, aparezcan dificultades a la hora de sentarse a estudiar o hacer los deberes. Estas resistencias pueden tener un origen diverso (motivacional, emocional o conductual) y, en algunos casos, desembocar en enfados, frustración o llanto.
Para prevenir este tipo de situaciones, nuestro mejor aliado es la adquisición de un hábito de estudio, entendido como la adopción de una rutina de trabajo estable, predecible y consensuada. En esta entrada os presentamos tres pilares fundamentales para consolidar este hábito: el lugar de estudio, el horario y la planificación, siendo esta última la más importante.
- El lugar de estudio:
Aunque pueda parecer una decisión sencilla, la elección del lugar de estudio es clave. Es fundamental que el niño o la niña disponga de un espacio fijo, al que acuda cada día para trabajar, y que cumpla las siguientes condiciones:
- Debe ser siempre el mismo.
- Espacio tranquilo, que no sea zona de paso, sin distracciones ni ruidos molestos.
- Mantenerlo organizado, con el material necesario que realmente se vaya a utilizar, sin que esté sobrecargado.
- Buena iluminación, a poder ser natural, para favorecer la lectura.
- Establecer un horario:
En líneas generales, los niños se benefician mucho de tener rutinas en su día a día, por ello, establecer un horario de trabajo diario beneficiaría al menor para cumplir con sus tareas. Lo ideal, sería tener un horario visualmente atractivo en un lugar donde lo vea a menudo, por ejemplo, en su habitación. En este horario, además de poner el tiempo de trabajo diario (intentando que este sea dentro de las primeras horas de la tarde para evitar la fatiga cognitiva y el cansancio), podemos incluir las actividades extraescolares del menor y el tiempo que podemos dedicar a estar con pantallas. Establecer un horario nos ayudará en gran medida en la adquisición de la rutina y hábito de estudio.
- Programar y estructurar los tiempos de trabajo:
Utilizar un buen método de estudio es mucho más que saber subrayar, hacer esquemas y resúmenes. Significa conocer nuestro estilo de aprendizaje, autorregular nuestra conducta y programar, de manera consciente y estratégica, todo el proceso de aprendizaje. Destacando esto último, una buena programación debe ser:
- Diaria, cumpliendo siempre las mismas condiciones de horario y lugar de estudio.
- Supervisada y consensuada por los padres y el alumno (en educación primaria).
- Registrada por escrito en la agenda, el horario o el calendario.
- Accesible visualmente, especialmente el horario.
- Realista, funcional y personalizada.
- Inamovible salvo por motivos importantes y puntuales.
Por lo tanto, en cada sesión de estudio o trabajo se debe:
1º. Revisar la agenda y establecer los objetivos diarios valorando la cantidad de deberes o trabajo a realizar (con ayuda de un adulto hasta los 12 años aproximadamente). Es recomendable comenzar por las tareas más tediosas, aquellas que requieren más esfuerzo mental y que menos apetecen, dejando aquello más liviano para el final del día. Al finalizar, se debe revisar conjuntamente si ha cumplido los objetivos establecidos.
2º. Programar, planificar los tiempos de trabajo y descansos:
Para distribuir el tiempo de forma eficaz, puede utilizarse el método Pomodoro, adaptándolo a la edad del menor. Este método consiste en alternar periodos de trabajo con breves descansos:
- En Educación Primaria: periodos de enfoque de 15–20 minutos.
- En Educación Secundaria: períodos de 25 minutos.
Tras cada periodo de trabajo, se realiza un descanso de 5 minutos. Después de cuatro ciclos consecutivos, el descanso final será más largo (entre 15 y 30 minutos).

Para gestionar los tiempos de trabajo y descanso de manera más autónoma es recomendable utilizar un reloj visual (tipo cronómetro). Además, en los descansos debemos evitar actividades que capten su atención y les cueste abandonar, como por ejemplo: ver la televisión, jugar a un videojuego, mirar el móvil, etc.). Pueden, por ejemplo, salir de la habitación, moverse o bailar, beber agua, ir al baño, salir al jardín, mirar por la ventana, etc.
Implementar estas tres claves —lugar, horario y planificación— puede marcar un antes y un después en el día a día familiar. Recuerda que cada niño es diferente y que el hábito de estudio debe adaptarse a su edad, ritmo y necesidades. No se trata de exigir más, sino de organizar mejor, acompañar y enseñarles a gestionar su tiempo y su esfuerzo. Con pequeños cambios sostenidos en el tiempo, el estudio deja de ser una batalla diaria para convertirse en un hábito. Si te ha resultado útil este artículo, os animamos a poner en práctica alguna de estas claves: el cambio comienza con el primer paso!


